Nosotras vivimos en un mundo cuyo gobierno y desarrollo durante miles de años ha recaído exclusivamente en los hombres. Esto ha afectado enormemente nuestro cuerpo mental, emocional y físico. 

Aunque, a lo largo de la historia y gracias a la fuerza y a la lucha de abuelas, madres y hermanas, hemos ganado más espacio en nuestra sociedad, nuestras experiencias de vida siguen reflejando y sufriendo los desequilibrios generados por el sistema patriarcal. 

A la mayoría de nuestras abuelas no se les permitió recibir una educación adecuada ni participar del mundo profesional y su energía se centraba en los cuidados del hogar (mantenimiento de la limpieza y del orden, cuidado de los muebles, abastecimiento de alimentos en base a filosofía nutricional y recursos económicos familiares…) y en la creación  de sus hijos y nietos. 

En la actualidad, las mujeres en los países occidentales tenemos las mismas oportunidades a la hora de recibir una educación de calidad que los hombres, y compartimos con ellos las desigualdades derivadas de las barreras económicas para acceder a una formación en los centros de más alta reputación (reservados para las élites). 

En cuanto al trabajo, es evidente que se ha producido un cambio radical con respecto a la situación de nuestras abuelas, pero las condiciones en las que debemos desarrollar nuestra actividad profesional siguen situándonos en una posición de desventaja. En este sentido, además de la expresión de la discriminación vinculada a las diferencias salariales (de aproximadamente un -25% con respecto a los hombres) y al techo de cristal (la virtual imposibilidad de acceder a posiciones directivas de alto nivel), trabajamos en entornos ferozmente competitivos, algunas veces hostiles, que contribuyen de manera irremediable a poblar nuestra experiencia vital de tensión, estrés y, en demasiadas ocasiones, de una profunda sensación de baja autoestima al percibir que nuestras aportaciones (opiniones, propuestas a proyectos…) nunca ‘valen’ tanto como las de nuestros colegas masculinos. 

 

Nuestro rol como mujer…

Nuestras abuelas tenían una vida llena y trabajaban duro para cuidar a sus familias. Trabajar las 24 horas del día, los 7 días de la semana en el no era una tarea fácil. Pero hoy, para muchas de nosotras que hemos logrado encontrar más igualdad en nuestras vidas, la cuestión es ahora cómo equilibrar estas opciones con nuestros roles tradicionales como mujeres. Seguimos cuidado del hogar y de la vida familiar (algunas somos madres solteras, o nos hacemos cargo de familiares convalecientes de larga duración, o debemos atender a familiares con necesidades especiales, etc.). Este rol tradicionalmente menospreciado no solamente resulta esencial para transmitir y honrar la herencia cultural de cada sociedad (sin obviar los ajustes necesarios que cada generación imprime para adaptarse al contexto histórico correspondiente), sino que también es clave para el mantenimiento de los lazos afectivos familiares, uno de los elementos más decisivos a la hora de equipar a las nuevas generaciones de hombres y mujeres con las herramientas, el empoderamiento, el amor y la fuerza necesarias para contribuir a resolver los retos de nuestro mundo.

 

¿Pero qué hay de las mujeres hoy en día?

Nos encontramos con que para cumplir con nuestros roles tradicionales femeninos, mantener una actividad profesional además de tener el ímpetu de realizar nuestros deseos más profundos, estamos trabajando demasiado, sufriendo las consecuencias y pagando un precio que afecta a nuestro bienestar general.


No hace falta decir que energizar estos procesos resulta altamente demandante, especialmente cuando la mayoría de nosotras parece ‘programada’ para buscar la perfección cueste lo que cueste en cualquiera de las tareas que consideremos nuestra responsabilidad. Así pues, no es de extrañar que la complejidad de hacer frente a estas demandas y nuestra disposición a ‘hacer lo que haga falta’ por los demás (nuestras propias necesidades son lo último en lo que pensamos) se refleje en enfermedades psicosomáticas.

 

 Las consecuencias de este agotamiento 

Muchas mujeres cuando llegan a mí buscando ayuda se encuentran fatigadas, con migrañas, insomnio, padeciendo de trastornos o problemas como el síndrome del intestino irritable, distensión abdominal, estreñimiento y falta de libido.

Algunas, a pesar de tener entre 30 y 40 años, se quejan de lo que creen que son los primeros síntomas de la menopausia: sudores nocturnos, ojos secos y sequedad de mucosas de las membranas internas. Otras se sienten nerviosas, con la respiración corta, ambos indicios del hecho de que estas mujeres no están accediendo a los aspectos restauradores naturales, de nutrición primaria de tu salud, o simplemente, están consumiendo la Esencia Yin.

 

Sin Energía 

En la medicina tradicional china, cuando hablamos de Yin, nos referimos a los fluidos corporales orgánicos, como la buena calidad de la sangre y las mucosas de las membranas internas, la «gelatina» y los materiales líquidos del cuerpo. Cuando nos falta la esencia Yin durante un período de tiempo prolongado, nos secamos internamente y el «tanque» de nuestra energía vital se vacía. Cuando esto sucede, significa que estamos utilizando y confiando demasiado en el sistema nervioso simpático. El sistema nervioso simpático es el responsable por nuestras respuestas más automáticas, como estar en alerta, y solo debería ser disparado en situaciones estresantes donde debemos reaccionar rápidamente a las demandas inmediatas. Funcionar así, sin dar tiempo a que el sistema nervioso parasimpático (responsable por los procesos reparadores inconscientes que se ocupan de nuestra digestión, eliminación, sueño y excitación sexual) no nos  permite restablecer el equilibrio de nuestro cuerpo/mente adecuadamente.

 

Consumirse

Seguir adelante así con el tanque vacío nos lleva a «consumirnos», lo que genera debilidad interna y falta de vitalidad, que a menudo conducen al estrés y a un bucle de esfuerzo y agotamiento continuos.

Este ciclo se vuelve extremadamente difícil de detener sin la ayuda de un profesional especialista.

Cuando llegamos a este estado, es habitual sentir miedo y falta de confianza en uno mismo, y sentir la necesidad de controlar las situaciones de la vida tanto como sea posible para que, inconscientemente, todo esté bajo control, con la esperanza de que esto reduzca los niveles de miedo e inseguridad. Sin embargo, este modus operandi anormal de control nos obliga a vivir la vida exclusivamente desde la mente. Ya no somos capaces de anclarnos en el cuerpo, ni de estar enraizados en la Tierra, y esto es esencial para que podamos confiar, para poder dejar de lado las preocupaciones y estar completamente presente en el aquí y ahora.

 

Construyendo el zumo vital y rellenar el tanque

Para revertir esta espiral negativa, poder establecerse en el presente y abandonar el impulso de control, es necesario volver a aprender cómo construir el «zumo» y rellenar el tanque.

El proceso de regeneración requiere que estés comprometida a dedicar tu tiempo, atención, cuidado y amor a ti misma de una manera sostenible e intencional.

Crear vitalidad se basa en nutrir el Yin y la práctica tiene como objetivo recuperar el equilibrio entre los órganos internos para que la fuerza nutricional impulsora se produzca en todos los sistemas del cuerpo.

 

Herramientas para repostar

En nuestro programa utilizamos una variedad de «herramientas» terapéuticas para tratar el cuerpo de una mujer e iniciar este proceso.

Ya en la primera sesión online, inmediatamente abordamos tu queja principal, evaluamos la calidad de tus reservas y también ya aprendes lo que hacer para evitar que estas se agoten, poniendo en marcha este proceso de rehabilitación.  También utilizaremos algunas técnicas para «tonificar» tu esencia Yin y empezar a desbloquear tu vitalidad. 

En casos más extremos y severos que requieren atención inmediata, empezamos con la sesión de 90 minutos SOS Liberación del Estrés (online o presencial) que es una mezcla de una técnica de fisioterapia llamada Positioning asociada a auto estimulación de puntos específicos de acupuntura  para «tonificar» el Yin. Y para producir realmente un cambio fisiológico duradero y significativo en su cuerpo/mente, las prácticas de ejercicio IGung, de Yang Shen de auto cultivo, suaves pero profundos, completan el tratamiento. 

Estas prácticas son una de las herramientas más efectivas para regenerar estos flujos de energía nutricional. El entreno consiste en sesiones cortas (5 a 10 minutos) de ejercicios conscientes diarios (en este caso adaptados a sus necesidades), donde la paciente/alumna, acostada boca arriba, aprende ella misma, cómo liberar la tensión y estimular estes puntos puntos vitales de acupuntura.  Utilizando pequeños movimientos internos que mantienen los músculos maleables y flexibles para que los fluidos corporales se regeneren y mantengan en movimiento produciendo humedad interna.

La decisión de invertir intencionalmente en su salud y aplicar esta nueva rutina integradora a su estilo de vida, donde se atiende el sueño y la digestión, y también se incluyen sesiones regulares de respiración específica guiada (audios) para activar áreas energéticas, restablecerá los espacios internos del cuerpo y la mente y, a su vez, restaurará su cuerpo hacia un metabolismo más eficiente con un buen flujo sanguíneo y una mente más clara.                                                                                                                                                            

 

Curación natural inteligente del cuerpo

Este antiguo conocimiento de la medicina tradicional china, cuando es aplicado a la vida moderna, despierta la inteligencia curativa natural del cuerpo y renueva una sensación de poder personal que es la extensión natural de nuestro estado de equilibrio.

Cuando la mente puede residir en su hogar, nuestro cuerpo, nos sentimos más concentrados, conectados y más presentes. Es entonces cuando aprendemos a saborear la vida. Literalmente nos sentimos bien, más seguros, y esto nos permite aceptar el desarrollo natural de lo que suceda en nuestra vida.

 

Encontrar la confianza, la energía y el florecimiento

Recuperar nuestra confianza permite abrirnos de adentro hacia afuera, como una flor al sol. Cuando florecemos como la naturaleza podemos ver la vida desde otra perspectiva, y nos sentimos más “jugosas»!

Al tener un mayor nivel de energía y ser más optimistas y tal vez incluso encontrar nuestra espiritualidad, podemos permitirnos volver a enamorarnos de la vida.

Desde esta posición de vigor basada en el respeto por nosotras mismas, nuestros cuerpos y nuestro bienestar, podemos enfrentar con mayor fuerza y energía los desafíos de la vida que elegimos como mujeres modernas.

Para apuntar una sesión con Aline pulse aquí.

Autoras: Fisioterapeuta Aline Tisato & Dra. Anna Iñesta-Codina

 


Testimonios 

«Desde muy joven he tenido migrañas todos los meses. Por recomendación de una amiga, contacté con Aline y con ella empecé una rutina de ejercicios de IGung de la cama además de una rutina de auto masaje, en puntos específicos de acupuntura, que también me enseñó . Ahora estoy encantada porque desde hace varias semanas no me ha vuelto a dar ningún episodio de dolor y noto una mejoría considerable en todo sentido. Aline es una persona muy amable y suave en su trato, te explica muy bien todo lo que busca conseguir con cada movimiento y te hace sentir muy cómoda. Realmente estoy muy contenta con el resultado”.

María Solís, 37 años – Designer

¨  A los 43 años me diagnosticaron síndrome de fatiga crónica. Los médicos estaban dispuestos a conceder una licencia prolongada del trabajo. Afortunadamente, encontré la Aline y rápidamente comencé a aprender el método IGung. Con los pocos minutos que requería la práctica, comencé a sentir la diferencia de inmediato: el dolor corporal disminuyó al mínimo y el movimiento del Chi en el cuerpo pronto comenzó a producir más energía. «

Dra. Anna Iñesta-Codina – Directora del Proyecto H.R.Talento y Bienestar